Me resulta difícil llamarme a mí misma artista. No es falsa modestia. Me da pudor y casi vergüenza considerarme artista si me comparo con los que yo de verdad considero ARTISTA.

Para mí un ARTISTA es alguien que hace algo grande, algo que sólo puede hacer él (o ella), que es capaz de emocionar, de traspasar un lenguaje, de llegar y quedarse, de cambiarte la vida o de hacértela más bonita. Alguien a quien admirar y de quien aprender. Alguien que encuentra su verdadera esencia en lo que hace, y que además tiene la generosidad de compartirlo con los demás.

Para otros no es nada y para otros puede ser incluso algo despectivo. Un artista es un muerto de hambre, un vago, un soñador, un bohemio, alguien que no puede vivir de su trabajo porque esto no puede considerarse un trabajo. Y tal vez por eso, por esa apreciación, hay quien considera que un artista no debe ser pagado por lo que hace, por eso, y porque supuestamente no le cuesta esfuerzo, ...lo hace en un rato.

A pesar de llevar muchos años en el mundo laboral, desde que me dedico a dibujar, no he parado de justificar mi trabajo, de reclamar mi derecho a cobrar por ello, de usar mi “mano izquierda” para defender lo que hace la derecha. De responder a la pregunta de si puedo vivir de ello. Me ha costado varios disgustos y dudar, dudar mucho.

Sé que no soy la única, sé que tomar un camino diferente tiene también dificultades diferentes.

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Pero no por ello voy a dejar de luchar, aunque a veces me cueste CREER en ello. Aunque muchos quieran hacerme dudar de la decisión tomada. 

Ultimamente he recibido muchos encargos, hasta el punto de tener que decir que no a otros. Esta seguridad es momentánea, es la incómoda inseguridad lo que nos mantiene alerta. Y estar alerta también es estar vivo y crecer.

Dibujar como dibujo es un regalo que recibí al nacer, un talento que venía de serie. Dicen que todos tenemos uno. En mi caso, mi talento, mi regalo, estuvo guardado durante muchos años. De pequeña me hacía recibir muchos halagos, pero también me hacía "destacar" y percibir envidias. Eso no me gustaba.

Siempre lo he considerado algo muy íntimo, que decía mucho de mí y que no debía ser expuesto. Tampoco tenía la necesidad de dibujar constantemente. He estado años sin coger un pincel y no lo he echado en falta. Por eso estuvo guardado.

Pero como dice una amiga: “Los regalos son para usarlos, si yo te regalo algo y veo que no lo usas, pensaré que no te ha gustado”. Eso es cierto, y tanto tiempo estuvo mi regalo guardado que cuando dudo pienso que estoy pagando un precio por ello. Y lo que ocurre es que hay regalos que no vienen con instrucciones y no tenemos por qué saber usarlos. Por eso me gustó la contestación de J.K.Rowling cuando le preguntaron cómo le gustaría ser recordada: “As someone who did the best she Could with the talent she had”.

Yo continuo en el proceso de saber manejar mi talento, de asegurarlo, de cuidarlo, de alimentarlo, de sacarle brillo y de, le pese a quien le pese, seguir protegiéndolo. De CREER en él y en mí, para CREAR, y y tal vez si lo consigo, pueda llamarme ARTISTA.